Sin cuarto propio ni cuerpo propio

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8 de marzo 2015 en Sociedad de Escritores de Chile

Cuando me descubrí como ser humana pensante y hablante, empecé a encontrarme cada vez más incómoda en este mundo. Me costó relacionar dicha incomodidad con la feminidad, con ese deber ser que era, finalmente, no ser, no ejercer. Lo que me constituía como humana –el pensar, recordar, relacionar, tener memoria, historia, ponerle nombre a lo que quería, a las cosas, a los pensamientos y a las emociones– no tenía cabida en la feminidad. Fue asombro también darme cuenta de que lo que sentía se modificaba al cambiar mis ideas, a través de lo que pensaba y construía como un tejido de ideas, que mis ideas eran bastantes y que, incluso, empezaban a ser más importantes que las ideas ajenas e impuestas, las que no tenían relación con lo que yo quería y pensaba debía ser la vida.

Mi cuerpo entero reaccionó y sigue reaccionando a su destino marcado. Mi cuerpo es el único instrumento con el que toco la vida, por lo que lo he explorado cada vez con más profundidad, desprendiéndome de la feminidad. Mi cuerpo es uno de los grandes informantes del cambio de mis deseos. Esta ajenidad, con otra dimensión y profundidad, la sentí por esos extraños masculinos que me rodeaban –extraterrestres y tan privilegiados–, y me costó otro largo trecho de vida abandonar mis solidaridades con ellos, los padres de nuestros hijos, incluso a los obreros y marginados, privilegiándolos, sin reconocerme y reconocer que son las mujeres a las que matan y son ellas las más oprimidas.

La feminidad está llena de estructuras rígidas, inamovibles y paralizantes. La educación que se nos ha otorgado ha sido sutil en impregnar a las mujeres de feminidad, dejándolas sin territorio ni cuerpo propio. El peso de la educación nos ha relegado a ciertos roles –mantener unida a la familia, ser displicentes y obedientes, hacernos cargo de la maternidad–, que no constituyen territorios ni espacios propios, pues las mujeres acceden siempre a espacios ya establecidos. Es una actitud arribista, por ejemplo, el arribismo de entrar a la universidad. Las mujeres entran a la escuela de medicina y los hombres les hacen atrocidades, las maltratan y ellas aguantan todo con tal de estar en el espacio masculino y con la ingenuidad de encontrar un conocimiento que nos incluya, al poco andar descubren que no es así (algunas, no todas).

La feminidad no se relaciona con los intereses de las mujeres, pues esta no permite apropiarnos de las capacidades de lo humano, de tener libertad sin sumisión, de sentirnos en capacidad, dueñas de la propia vida y del mundo, dueñas de las propias decisiones. Esta autonomía no debe ser una reacción o una conquista basada en tretas y dominios. La feminidad es una construcción organizada dentro de la masculinidad y en función de ella, es capilar, invasiva y contra toda lógica, no es una condición natural de las mujeres.

A la feminidad no le gusta pensar, pensar va en contra de su naturaleza; le gusta existir pero no pensar, le gusta la competencia y no la colaboración. La feminidad admira y es incondicional a la masculinidad, no a las mujeres, generando una falta de entendimiento entre nosotras que se traduce en misoginia, fenómeno casi inexplicable. Los hombres están siempre de acuerdo sobre la masculinidad, pero las mujeres no llegan al entendimiento entre ellas. La feminidad es solitaria, incapaz de expresarse, cabe solo el hilo que sube por capilaridad. La feminidad nos rechaza, nos niegas y nos divide.

Transitar a la rebelión de las mujeres, indagar en la búsqueda de estas rebeliones; existen, no están a la vista, han sido borradas sistemáticamente, por lo tanto tenemos que reinventarnos constantemente, con imaginarios nuestros donde descubramos las intervenciones del patriarcado para borrarlas. Pero sobretodo para reconocerlas, salirnos de ellas y no repetirlas. Por lo tanto mi propuesta es PENSAR-NOS JUNTAS, para saber que existe el patriarcado, salirnos de él para encontrarnos en otros planos y en otros imaginarios. Esta es una invitación directa a la imaginación de las mujeres negadas constantemente en sus capacidades, archivadas en MATERNIDADES DISEÑADAS POR ELLOS, no por nosotras, relegadas en LA FEMINIDAD QUE ES SU GRAN DISEÑO PARA DESPOJARNOS DE LO HUMANO y de la HISTORIA.

La pulsión de la vida es vivir, la pulsión de la mente es pensar. Quien sanciona cualquiera de estas potencialidades y a nombre de quien lo haga, está faltando el respeto básico de la humanidad y entiendo en esa falta la idea de dominio.

Tenemos que salirnos del patriarcado para poder pensar libremente. Lo primero que se necesita para pensar es tener CUERPO PROPIO, las mujeres no tenemos un cuerpo propio, si nos quitan nuestro cuerpo, y nosotras ¡todavía estamos pidiendo derecho a un aborto!…

Siempre somos las pobres del mundo, siempre estamos en las trincheras, en las matanzas del mundo, siempre nos usan de chivo expiatorio, siempre hay dos médicos más un periodista hablando en la televisión de por qué a una niña no se le puede hacer un aborto y aunque tenga un feto inviable se la obliga a pasar por todo eso… y con “grandes argumentos” que ni siquiera quiero escuchar. ¡¿Quién les dio el derecho a ser dueños del cuerpo de las mujeres?! ¿dios?, si así fuera habría que matar a dios.

¿Por dónde podemos transitar para salirnos de este destino masculinista que nos han impuesto? No es entrando a su academia, no es quedándonos en pedir igualdades, sabemos que éstas no nos han resultado, que seguiremos en desigualdades y que el sistema está completamente fracasado sin capacidad de equilibrarse.

Nunca se ha investigado desde otra mirada que no sea la reproductiva patriarcal porque lo que no le conviene a los intereses masculinos, no se investiga. Todo está en manos de los hombres.

Lo que se investiga del pasado ya está teñido, ya tiene intencionalidad. Luego se entrega desde las investigaciones la enseñanza de falsas verdades, todo falso falsas pistas …lo que resulta obvio no lo es y tan apoyadas en esas ciencias, todas del patriarcado.

La propuesta es pensar juntas, salirnos del coro de lamentos en que históricamente nos han colocado.

El CAMBIO CIVILIZATORIO que propongo TIENE QUE SER PENSADO POR NOSOTRAS mujeres, para hacerlo tenemos que desconstruir y destruir el concepto de feminidad y el concepto de superioridad, nadie puede ser dueño de nadie… lo que sí podemos decir es que nadie tiene derecho sobre otra persona, ni de su cuerpo ni de sus deseos.

Margarita Pisano