AVANZADAS DEL IMAGINARIO
No seguir en la misma

"Tan solo la imaginación me permite llegar a saber lo que puedo llegar a ser"
"Amada imaginación lo que más amo en ti es que jamás perdonas"
(Manifiesto Surrealista, André Breton, 1924)

Pareciera que al poner en cuestión -en profundidad- la macrocultura que nos sostiene, que nos "pertenece", que nos hace entendernos y organizarnos -todo más aparentemente que de verdad- nos deja desprotegidos y solos. Pareciera que al abandonar a los héroes y a los dioses, ellos son los que nos abandonan en medio de la nada. Debemos identificarnos y pertenecer, casi perdernos como individuos. Recurrimos a la sangre, donde el parentesco concreta la pertenencia y pasa a ser mágico. Otra cosa muy distinta es que entre los humanos, como seres completos y en sí mismos, estemos en interacción, construyendo modos de relación, sociedad y cultura, sin los dioses ni la sangre.
Me pregunto qué sucede que no logramos ver ni entender qué es lo que nos tiene atrapados y por qué casi todos los pensadores llegan a un punto en el que paralizan su indagación, sin percibir este límite y, menos aún, que este límite es transitable. Para transitar con el pensamiento y la actuancia hacia otra macrocultura-civilización, lo primero es lograr percibir estos límites y poder conocerlos y analizarlos. Este tope tiene que ver con el "orgullo arrogante" y el "apego" a lo construido y desarrollado por los hombres. Mientras más cercanos estamos a los espacios y lugares de la cultura, mientras más la admiramos, más difíciles son los abandonos y los desprendimientos necesarios para transitar a otras lógicas, a otras maneras de vivir.
Desde los dominados debería ser más fácil poner en cuestión la macrocultura, porque nos es ajena, es lo construido por los otros, los seleccionados; pero, a la vez, -quién sabe peor- está la admiración, el querer ser parte de ella y el querer ser los más aplicados, lo cual promueve el arribismo; detrás de esta admiración arribista hay un esclavo mental. Pero, a su vez, están presentes las resistencias y las energías no condicionadas que hacen posible el gesto rebelde y radical. Desde el triunfador se construye lo que es válido, las ideas legítimas, que sus más claros críticos "pertenecientes" no logran poner en cuestión. Hacen un corte perdiendo todas sus posibilidades y sólo les queda "el cambio" de la acomodación.
La macrocultura masculinista necesita retroalimentar sus discursos gastados, por esto, mantiene diálogos "abiertos"; estos diálogos son sus válvulas de regulación. Lo establecido se ha alimentado siempre de sus marginales. Los necesita para renovarse y mantenerse vigente. Esto está dentro de sus políticas y sus éticas, así alimenta su necesidad "romántica-amorosa" de sentirse bueno, escuchando y validando a todos; engañándose(?), engaña. Sistemáticamente ha sancionado a aquéllos que por sus ideas amenazan su dominio, obvio. Muy distinto es su juego del vencido/vencedor, la lógica de la guerra que es su manera de entender la vida, incluido el cuerpo y el amor como dominio, y la "crítica" autorreferente y autocomplaciente que sostiene su macrocultura.
El sistema ha perfeccionado la absorción de estos conocimientos-ideas-personas, institucionalizándolos o marginándolos, aunque siempre mantenga algunas excepciones (útiles). Accede a todo lo escrito, a todo lo pensado, a toda la crítica, a través de los diálogos, las conferencias, las universidades, las Naciones Unidas, etc.; recurre a todos los sistemas de control para mantenerse y mantener su legitimidad. Borrar a las personas y anonimizar sus ideas ha sido una de las formas de hacer su historia. Así no hay "otros", sólo se legitiman las voces e ideas que ellos quieren y se visibilizan las personas que ellos quieren y eligen. El sistema se va agudizando, perfeccionando en sus poderes, controles y saberes, pero más de alguna vez se le escapan a extremos peligrosos, como su tecnología de muerte, que hoy ya los alcanza.
Muy distinto sería reconocer las críticas y conocimientos potencialmente transformadores y dejarlos circular, sin exigencias "pragmáticas", sin recetas ni modelos para ellos indispensables. Los conocimientos, análisis y saberes se quedan adheridos y desactivados en los "pequeños" poderes que este dialogador les otorga. El desafío es quedarse AFUERA. En este diálogo el poder consigue descalificar a quienes no están en su "modernidad", en sus profesionalismos y eficiencias, en sus valores, en sus principios, en su "buen sentido" y a quienes no legitiman a sus pensadores y poetas como ellos los leen e interpretan, cortando de esta forma el hilo de las ideas que no le convienen. Cortando el hilo de las ideas y envasándolas, éstas se empobrecen, se estancan y quedan en la mitad de su historia como un constante pendiente imposible.
Hoy ya nadie está tan enceguecido para no saber, aunque sea en la penumbra de su pensamiento, del fracaso civilizatorio en el que estamos. Seguir pensando dentro de estas lógicas es estar en el orden conocido y envasado. Cuesta reconocer el miedo al vacío, el quedar sin modelos y "sin tanques", sobre todo para los creadores apegados a sus productos, planteados como "únicos posibles".
Seguir pensando el feminismo dentro de esta misma cultura autocomplaciente es negar la biografía de las mujeres y su potencialidad civilizatoria. No sé cuántas mujeres han logrado mejorar o cambiar sus relaciones económicas o de vida por el feminismo, pues la masculinidad trampea siempre la realidad y la historia. Suma y resta, multiplica y divide, solamente a su manera conocida. No importa quién sostenga circunstancialmente el poder. No hay argumento que me convenza de que estamos mejor con el acceso de las mujeres al sistema cuando el mundo está peor, y no voy a hacer un listado de las guerras, de los pobres, de los refugiados, del desastre ecológico, del genocidio, del infanticidio ni de Bim Ladem ni de Bush ni de Sharon, y hoy, no puedo dejar de mencionar a la iglesia católica, históricamente responsable de la discriminación y el maltrato de las mujeres y que, para mantenerse, protege a sus curas pedófilos, trasladándolos de lugar y multiplicando así sus víctimas con una inmoralidad a prueba de los tiempos. Este listado infinito me parece más que latero y quien lo desconozca o lo lea como avance, no vale la pena. Los medios de información están inundados de estos relatos cínicos complacientes al sistema. No nos cuenten cuentos de género, porque si como género estamos relativamente mejor(?), como humanidad estamos peor. Me pregunto si nos sentimos o no parte de esta humanidad. Me pregunto si esto no es -al menos- complicidad con el avance de la deshumanización. Tal vez no sea tan burdo como en la Edad Media para afirmar que los conocimientos de las mujeres provienen de su conexión con los varones, el diablo y los demonios, pero siguen contándonos cuentos a las mujeres... "siempre estamos mejor que antes".
Esta manera de atrapar y desactivar las posibilidades de imaginación de lo humano para salir de la cultura vigente, ha estado especialmente focalizada en las mujeres pensantes. Desde su misoginia y su dominio, el sistema detecta cualquier atisbo de capacidad y legitimidad en el pensamiento de las mujeres, pues no hay mayor peligro para su poder masculinista; este horror de perder sus hegemonías y privilegios les produce un bloqueo, una "histeria" imposible de transitar. Organiza especialmente sus diálogos con las mujeres desde el poder de la institución; además, atrapa la historia del feminismo, relatándola, desde la conveniencia de la masculinidad para legitimar siempre la feminidad, producto cultural de ellos mismos, y les otorga "igualdades" siempre "diferentes", según sus convenientes valores inmodificables e inmanentes.
Para mí, el feminismo está estacionado en la cultura masculinista; se ha funcionalizado a los proyectos sociales, políticos e históricos que están sumergidos en la lógica del dominio. En esta lógica, están los que dominan, los dominados y los que resisten la dominación. Esta resistencia nos sumerge en su dinámica, asumiendo sus discursos renovados como parte de un proceso de humanización, que pretende que reconozcamos avances -desdibujando la deshumanización que hay detrás- para no percibir un horizonte perturbado, que cada vez anuncia más tormentas y dificultades.

La vida que queremos inventar algunas mujeres

La historia de nosotras como mujeres no existe, estamos sumergidas en la historia guerrera de la masculinidad. Entre el juego mentiroso de la verdad y la historia, se intenta, hoy, hacer una historia de las mujeres y del feminismo. Esta visibilización de las mujeres opera desde la historia del sistema y, por lo tanto, se hace visible a las mujeres dentro de la feminidad. No hemos intentado la historia que necesitamos. Los hombres han escrito las historias que han necesitado para significarse, construir sus sistemas de poderes e identidades: la de los héroes y guerras, la de sus colaboradoras femeninas, la de los pensadores, la de los dioses (aún tenemos varios caminando por el planeta); incluso, la de sus contradicciones, sus diálogos y discusiones. Estas identidades están basadas en las consanguinidades en nombre del padre: las razas, que a su vez están marcadas por la territorialidad y entrelazadas con los valores aceptados por los pensadores constructores de sus conjuntos ideológicos, políticos y religiosos, a los cuales debemos adherirnos (identidad). Esta historia es una fantasía construida desde las necesidades de la masculinidad y que vivimos como realidad hoy. Todo el pasado está marcado por la interpretación que ellos han hecho y hacen desde el presente. Así, reciclan, conservan, refundan los valores de su poder y su manera de entender la vida y la historia, incluyendo, desde su misoginia, a las mujeres.
Necesitamos una genealogía que nos sirva a nosotras, para así proyectarnos como seres que producimos historia y cultura. Cuando hablamos de una genealogía de mujeres, debemos tener clara la búsqueda de lo que queremos y cómo queremos la vida; es una decisión política y filosófica. Nuestros cuerpos son los instrumentos con los cuales tocamos la vida, son nuestros ecosistemas informantes, por eso, nuestras experiencias corporales de mujeres son como la tierra firme para pensar y sentir. Este cuerpo pensante, desde la NO masculinidad-feminidad, está pendiente en una historia nuestra.
La genealogía: "Es la búsqueda del fondo del fondo, de la razón de la razón. La genealogía es menos conocimiento que reconocimiento, es menos explicativa que aclaratoria y es por ello tanto o más transformadora. Por eso puede decirse que el modo de pensar genealógico no es meramente una reconstrucción sino una refundación de lo fundamentado." (Foucault: Genealogía del racismo, Ed. Altamira, pág.16)
Hanah Arendt afirma: "LOS HOMBRES QUE ACTÚAN EN LA MEDIDA QUE SE SIENTEN DUEÑOS DE SU PROPIO FUTURO SIEMPRE SON LOS DUEÑOS DEL PASADO" (Crisis de la república, 1998, Taurus, p.19).
Relatar los datos de la realidad es un deber ético. Ocultarlos es mentir. Interpretarlos es fantasear con perspectiva de futuro y cada vez que lo hacemos construimos una posibilidad, así, cada ser humana y en conjunto, construirá su propia verdad-fantasía, con su propio espacio y tiempo. Los hechos pueden ser los mismos y construir más de alguna fantasía, pues el relato se hace desde un lugar de poder y político específico, sin contarse el cuento de la neutralidad y su inamovilidad.
Pienso que de la verdad y la mentira sabemos poco, así como de la sexualidad, que son algunos de los espacios que la cultura masculinista ha manejado en las brumas de la ignorancia y la memoria, sus razones de poder tendrá; pienso que la verdad muy pocas veces se abre camino entre las mentiras, lo que prevalece es la mentira, puesto que si se develan algunas verdades, éstas continúan siendo las verdades-mentiras del sistema, las cuales nunca son suficientes para dejar de cometer las repetidas sinrazones.
La destrucción de lo humano y lo que sostiene la vida me parece tan obvia que me asombra cuando se habla de los avances de la humanidad y se acentúa que a través de la cultura, de la educación, de la ciencia/tecnología y de la riqueza vamos a desactivar tanta violencia, destrucción e injusticia... vamos a "salvarnos". Los "cultos" son la base del poder y ellos operan la violencia. El coro vociferante que pide a gritos el castigo ejemplar, la represión, la tolerancia cero, está tan conectado con su sentido común instalado por la cultura, que se tiñe de amor y de sangre para reivindicar lo normal, lo natural, lo superior, lo que la moral vigente y los viejos valores validan, legitimando cada vez más lo establecido y la tradición, finalmente, son el "sentido común" instalado. Los educados enseñan a los no-educados a matar y a castigar en los ejércitos, en las escuelas, en la salud; los educados enseñan el derecho a poseer y a robar; los educados consumen y depredan todo lo que encuentran; los educados hacen la ley y sus vacíos.
Está claro que las mujeres necesitamos una nueva ética, una nueva normalidad, un nuevo cuerpo, ahora propio. Un propio lenguaje y una genealogía-historia-fantasía autónoma e independiente -desde el AFUERA- para nosotras.
Para entendernos no basta un mínimo común de ideas reivindicativas ni compartir biografías de maltrato. Las reivindicaciones, vengan de donde vengan, son cómplices de lo establecido y son lamentables.
Sin tener una visión aproximadamente común de lo que sostiene la masculinidad-feminidad y el rechazo a sus valores, métodos y lógicas, no podemos juntarnos a proponer proyectos de futuro ni a construir las genealogías que necesitamos. Son proyectos contrarios, no complementarios. Uno es lo que hace con sus circunstancias y no al revés (Roland Barthés).
Cuando las ideas se tocan entre sí, constituyen conjuntos armónicos; no es que una comparta ideas iguales, lo que comparte es ese tono, ese entender y entenderse en profundidad, ese entramado que las contiene. Entramado flexible, capaz de contener su crecimiento, su multiplicación. Este conjunto puede interactuar con otros conjuntos y concertar sonidos. El entramado que se va armando se construye con hilos de símbolos y valores, con una ética compartida relacionante y una lógica dinámica, cíclica, abierta y elástica. Este entramado contenedor está comprendido por la razón humana y no por creencias basadas en la superioridad. Estas ideas armonizadas son civilizantes.
¿Por qué se mantiene la tradición y se renueva, constantemente, el mismo orden cultural, a pesar de la aparición de ideas críticas como los DDHH, la justicia y la libertad? Estas ideas no han logrado armonizarse, no han logrado juntarse, no han logrado ser una ideología civilizatoria, por lo tanto, el ser humano vuelve a buscar las ideas "armonizadas" de la tradición, a pesar de sí mismo, por la necesidad cultural instalada de su orden conocido y programado.
La globalización puesta hoy en circulación, marcada por el neoliberalismo capitalista, tiene, actualmente, un movimiento que la empodera, los antiglobalización o globalifóbicos, que conforman un movimiento de reacción sin la búsqueda de una propuesta civilizatoria. Otro mundo no es posible sino indispensable para cualquier movimiento civilizatorio, sin esta perspectiva no tiene sentido ni destino. Desde su historia, el feminismo da cuenta de que es imprescindible que las mujeres seamos productoras de ideas civilizatorias. Una primera globalización que impregnó todas las culturas existentes en el planeta fue, y es, la cultura masculinista; las mujeres deberíamos saber leer esto: en todas estas culturas se ha explotado a las mujeres y se las ha maltratado.
Sin embargo, parece que el destino del feminismo fuera seguir subsumido en los movimientos otros, pero todos funcionales al sistema, unos más y otros menos. Parece que este destino de mujeres, tan profundamente inscrito, fuera seguir siendo este cuerpo embalsamado en el monomio masculinidad/feminidad, sin la vida creativa e independiente de "otro ser humano mujer" y esto después de una larga, sangrienta y antigua historia de brujas, de sufragistas, de los años 70, 80, 90, y ahora, en este principio del siglo XXI, no puede ser que se propongan estar con el proyecto "bueno" de la globalización sin capitalismo o de la antiglobalización, otra vez en las calles, vociferando reclamos al sistema, acusándolo de destrucción, corriendo para salvar lo insalvable dentro de la depredación de continentes, gentes y ballenas.
Cuando dijimos que el proyecto democrático neoliberal era globalizador y deshumanizador, que agudizaba la pobreza -en especial de las mujeres- que agudizaba el sistema de dominio -especialmente contra las mujeres-, nos propusieron hacer lobby para agregarle género, DDHH, justicia y salud a aquel proyecto. Cuando dijimos que no había nada que hacer con los partidos políticos y el estado, nos dijeron que había que influir en el poder, que este poder era legítimo, porque era democrático; cuando dijimos que había que hacer movimiento autónomo, nos dijeron que no eran tiempos de movimientos, salvo para apoyar a los partidos y a sus candidatas, pues ellas sí tenían poder y proyectos de sociedad... Las ONGs -nos dijeron- son para sostener el desarrollo económico con profesionales expertas en mujeres, "trabajadoras pagadas" al servicio de los proyectos eficientes. Lo que no nos dijeron es que estos proyectos eran funcionales a los intereses económicos de las agencias internacionales e implementadoras de las políticas "políticas" para las mujeres, autoasignándose la voz de todas ellas.
No hay que estar en contra de nada que la cultura vigente proponga, pues ella necesita "los en contra de ella"; es su forma de legitimarse y empoderarse; es su juego de la voltereta para reestablecer el orden tradicional. Cada vez que posee un movimiento contestatario demandante, la cultura vigente profundiza su orden simbólico, puesto que es dueña de las ideas armonizadas de la macrocultura del dominio. Mientras reclaman por los derechos humanos, ella instala las más escabrosas transgresiones a ellos y aparecen las sinrazones más espectaculares: Europa bombardea los Balcanes; EEUU se declara el guardián de la libertad y de la democracia.
Nosotras mujeres latinoamericanas deberíamos aprender de nuestra historia de explotación y hambre; sin consciencia de esta historia y sin relacionarla con otros continentes, no podemos desear e imaginar otras civilizaciones.
La organización de las Naciones Unidas, que es la agrupación de todos los estados, es cada vez más funcional a la explotación y al exterminio de seres individuales y en conjunto. Allí se negocia lo negociable y se amortiguan las políticas depredadoras con DDHH, del niño, de las mujeres: UNICEF, UNICEM, CEPAL, etc., organizaciones constituidas por contingentes "neutros" de profesionales, analizando por dónde hace agua el mundo para tapar el hoyo; además, está el Fondo Monetario Internacional, la OIT, el BID, la OMS, etc., todas estas supraestructuras con sus legiones de funcionarios internacionales, pagados con el dinero de todos nosotros para financiar a los muertos ya de hambre, a los muertos ya de drogas y a los muertos ya de gases. Nadie piensa, y cuando digo ya NADIE piensa, no estoy diciendo que algunos individuos no lo hagan, pero los sistemas constituidos por estos individuos y estados, sólo piensan en perpetuarse.
Al mismo tiempo, los multimedias están dedicados a los problemas del corazón, del cotilleo, del pelambre, del rumor; es lo femenino del sistema, es el triunfo de la masculinidad/feminidad, es el fracaso de las mujeres. Mientras más chismosos, más insidiosos, más perversos... más femeninos: la feminidad creada por ellos es perversa. Los hombres más sensibles a nuestras propuestas no son estos hombres con mayor feminidad, son los hombres con mayor consciencia crítica de su masculinidad-feminidad.
La sutil pero profunda diferencia que tiene el INTERÉS HUMANO de la habladuría, tan practicada en los medios de comunicación ( los programas de deportes, de política y religión, de la gente bonita, los "reality show", etc.), es la preocupación de entender -sin fórmulas impuestas- a los seres humanos: sus amores, sus fascinaciones, sus relaciones, su trabajo, su ética..., cuestionando el sentido común instalado. Las mujeres que más se acerquen al interés humano recibirán la más fuerte onda misógina. Sacar de lo privado a las mujeres para ejercer el cotilleo en lo público junto a los hombres, ocurre sólo si eres una fémina adicta a la masculinidad: modelo de belleza, de profesional, de periodista o de tía protectora. El terreno específico del cotilleo es el corazón, el amor-odio, la pareja, la infidelidad: todo esto es la tragedia de la cultura del dominio y el caldo de cultivo de las guerras públicas y privadas.
Los movimientos radicales no reivindican derechos ni igualdades. No se trata de cobranzas de incomodidades al sistema ni de negaciones activas; tampoco deberían ser un factor de equilibrio para absorver los cambios y la desregulación del mercado de la masculinidad.
La política de hoy está descreída y desacreditada; ya nadie cree en este espacio como un espacio de propuestas de organización y ordenamientos sociales, porque hoy la política como el arte de lo posible, sólo posibilita lo posible dentro de lo tradicional que es inamovible y que se maquilla con avances. Lo que hay que entender, por doloroso que sea, es que vivimos en las repeticiones con diferentes montajes y escenarios; no olvidemos el amor romántico y los celos del dominio ni el poder, ciego de necesidad, vengador de la desobediencia y ladrón de nuestros cuerpos, desde Shakespeare al bolero.
La mayoría de los conflictos personales pasan por las ideologías políticas, religiosas y filosóficas. NO SON PROBLEMAS DEL SENTIR POR ESENCIA. Una siente por las creencias que tiene, una es un ser histórico. Incluso las pasiones, las atracciones, el amor, el odio se fundan en los modelos construidos culturalmente, así una siente y reacciona con su cuerpo cultural. Reducir los conflictos políticos, religiosos, filosóficos a problemas personales pareciera una simplificación cargada de prejuicios, como si lo "personal" fuera irracional y a-histórico; no quiero decir animal, pues creo que lo animal tiene sabidurías inentendibles aún para nosotros los animales humanos.
Los problemas del feminismo en ningún caso son personales, están permeados por lo que pensamos y creemos. Como lo venimos denunciando, están traspasados por intereses económicos internos y externos a él; intereses de grupos ideológicos masculinistas y de una femenil feminidad, que permanece junto a las hegemonías económicas y culturales primermundistas, a sus poderes escondidos y camuflados, ejecutando estas políticas en el "tercer mundo": esto se da en todas partes y niveles. Son los mediadores y las mediadoras de la venta de los recursos naturales y de las personas, en función de los mandatos de los intereses primermundistas. Unos convencidos de que su hacer amortigua al sistema, otros solamente por sus beneficios personales, y otros, por creyentes.
No niego que existan grupos solidarios bien intencionados, pero hay un límite profundo y ético de los que sostienen al infinito las situaciones, amortiguándolas (la mayoría de las ONGs), y potenciando la persecución de quienes piensan y critican a fondo el sistema. La ausencia de propuestas y de sueños matan los lugares pensantes, alimentan los movimientos reclamantes, descalifican a los que no cumplen con los códigos y los cánones del pensar establecido.
Según Marta Lamas -en Los feminismos: desacuerdos y argumentaciones, México, 2002-, citando a Carlos Pereda, "la arrogante" discrimina lo que no entiende o desconoce y se considera por encima (superior) para discutir con los demás. La arrogancia conduce al prejuicio y se usa como mecanismo para defender jerarquías. La razón arrogante se construye a partir de estructuras culturales y de modelos que se afirman en la discriminación y es una forma del espíritu sectario. Las sectas, como grupos que obstaculizan el paso, hacia adentro, hacia fuera, tienen sus blindajes teóricos.
A mí, la "razón arrogante" me ha dado pistas para entender mejor la incapacidad de quienes están en el sistema para transitar los límites de la cultura vigente e intentar otras civilizaciones. Nada más arrogante que la masculinidad y su gran blindaje que nadie puede transitar; las mujeres llevamos milenios de luchas contra este blindaje que se camufla, pero siempre está en lo mismo. Creo que las feministas que se leen dentro y parte de la cultura vigente, modificable sólo a través de derechos y poderes dentro de esta cultura "compartida", se niegan a ver el esencialismo inmodificable de ella. La elaboración teórica no puede ser una sucesión de citas legitimadas, justamente, por la cultura que tratamos de cambiar. Lo que pasa en el mundo de hoy está claro y quien se articula políticamente con su saber y hacer, es cómplice de la deshumanización en marcha. Quien se sitúa AFUERA se hace cómplice de los de afuera, aquéllos que se atreven a imaginar un cambio civilizatorio. Si algo es arrogante es el monomio masculino-femenino y cualquiera que se lea dentro de él necesita citar a los pensantes del sistema.
Desprenderse de esta cultura no significa sólo un rechazo, sino verla y conocerla, sin apegos y en libertad: esto es estar AFUERA de ella y es una forma de encontrar el fondo del fondo y desde ese lugar, romper y traspasar los límites; desde ese lugar hacer política civilizatoria. Convocar a quienes estén dispuestos a ensayar otras maneras de construir lo humano; juntarse en un aprendizaje responsable de actuancia pensante, sin maternidades y paternidades ocultas.
Todo esto se hace en soledades, pero fundamentalmente se hace en relaciones entre personas que se juntan a imaginar y a crear proyectos civilizatorios, a rediseñar los espacios pensantes, políticos y enseñantes. Ensayar, de verdad, a estar expresada, sin negociaciones internas ni externas; al estar expresada, estar dispuesta a modificar y modificarse, a desaprender las sutilezas del dominio. Enfrentarse, sin miedo y en capacidad, con las ideas establecidas y sagradas, ponerlas en cuestión, salir de los lugares comunes y del "buenismo"; todo esto hilado y actuado desde lo íntimo, lo privado y lo público. Es decir, en la relación con una misma, en nuestras relaciones interpersonales y en la relación con la sociedad: éstas son las avanzadas del imaginario transformador.

Margarita Pisano
Movimiento Feminista Radical del Afuera
Junio, 2002

   

 

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